
Lo sentimos, Jesús, pero es que tus lágrimas han llenado más minutos de reality que los bikinis de Aída o las flexiones de Pipi. Ni que decir tiene que cuando su madre pasó una noche en la isla aquello se desbordó. Lo cierto es que el de Puertollano ha tenido momentos muy tiernos, cuando se acordaba de su novia de toda la vida o de sus padres. Lo mejor, el día que provó el vino: pasó de la algría al llanto en segundo...