
Con un planteamiento narrativo poco habitual en las producciones españolas, un reloj en cuenta atrás marca el ritmo. Cada capítulo arranca con una escena de alta tensión cuya resolución queda en suspenso hasta el final, cuando el reloj vuelve a marcar la hora de inicio. En ese intervalo de tiempo, Corso y su equipo deben averiguar lo que ha pasado y evitar lo que aún puede ocurrir.