
Empieza a asociar la prosperidad de las niñas de su barrio con el tamaño de sus tetas, de modo que quienes las tienen pequeñas, como ella, deben resignarse a vivir en medio de las necesidades y a estudiar o trabajar de meseras en algún restaurante de la ciudad.
La única meta en la vida de esta mujer es conseguir el dinero para mandarse a implantar un par de tetas de silicona, para así cambiar su estilo de vida, su presente y su futuro.