
El actor sevillano presenta "Identity" en TVE 1, y lucha por ganarse una plaza en la programación de la cadena
El actor sevillano Antonio Garrido ha contagiado al concurso de TVE 1 "Indentity" de su carácter vitalista y alegre. Impone una dosis de intriga constante en este programa que demuestra que las primeras impresiones no son lo que parecen. Ahora combina el teatro -recorre España con la obra "El burlador de Sevilla"- con este concurso que espera ganarse un puesto en la programación de la próxima temporada.
-Es una suerte torear en varias plazas en un oficio tan competitivo como el de la interpretación.
-Es competitivo porque cada vez hay más escuelas y más y mejores actores. De hecho están viniendo directores norteamericanos a trabajar con actores españoles. Por otra parte, en esta profesión hay mucha gente que entra sin haber estudiado en la vida Arte Dramático, y que se apuntan al carro sin ser actores. La culpa no es de ellos sino de quien los contrata.
-Usted se dio a conocer antes como presentador que como actor.
-Sí, en una televisión local de Sevilla en la que yo hacía los reportajes en la calle, con el pelo largo y suelto. Luego llegaba al plató a presentar con el pelo recogido y me daba paso a mí mismo. Siempre me he comportado con un punto de humor, porque se conecta mejor con el público.
-En "Identity" también echa mano de la comicidad. Es muy chistoso.
-Me gusta estar alegre y divertir a los que están alrededor. Me cuesta trabajo enfadarme, ahora, cuando me enfado, lo hago de una sola vez. Se puede ser divertido y serio al mismo tiempo.
Tópicos
-¿Es un tópico que los andaluces tienen ese carácter alegre?
-Totalmente. Andalucía es algo muy serio como para tomárselo a risa. Los andaluces somos alegres pero muy trabajadores. En mi tierra no me ha pasado nunca eso de quedar con alguien de diez a diez y media. A mi me mosquea el tópico porque hasta los propios andaluces se lo creen y cuando llegan un sitio van de graciosos. Y no hay peor cosa que eso.
-¿"Identity" seguirá más allá del verano?
-La intención es que el programa continúe si todo sigue como ahora. Es un programa blanco, en el que no se critica a nadie, frente a la mala leche que circula en la televisión. La identidad de la audiencia española no es criticona, que es lo que dan a entender otros programas. Nuestra audiencia la constituyen buenas personas que quieren pasárselo bien, un rato a gusto junto a su hijo pequeño o el abuelo.
-La audiencia no respaldó una buena serie en la que usted trabajaba, "Los simuladores". ¿Qué pasó?
-Fue una de las mejores series que se han hecho en España. Pero Cuatro estaba aún estaba empezando, era un canal muy nuevo, y mucha gente todavía no había tomado contacto con la cadena. A raíz del Mundial de fútbol empezaron a cambiar los hábitos del "zapping". Es una lástima porque cuando una serie se cae se acaba el trabajo y las ilusiones de muchas personas que se van al paro, no solo los actores. Se caen hasta las hipotecas. Pero la televisión es un negocio. Los programas o las series los hacen los artistas y quienes deciden quitarlos son los economistas, que no sé si tienen amplitud de miras para darle tiempo a los programas para que la gente se acostumbre.
-¿Viene bien ser un rostro conocido para hacer teatro o cine?
-Una cara conocida ayuda a llenar los patios de butacas.
-Su carrera dio un paso adelante con su trabajo en "El camino de los ingleses"…
-Ahí me tocó la lotería. Hacer una película es difícil, pero intervenir en una buena película es casi imposible. He trabajado con un hombre (Antonio Banderas) que es más listo que todos juntos, trabajador, sencillo y noble. No ha olvidado sus orígenes. Un tío que podría retirarse y vivir como Dios pero que viene aquí a producir e invertir y que tiene el proyecto de crear una industria cinematográfica en Andalucía. Yo me quito el sombrero.

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