
El andaluz Mariano Peña da vida a Mauricio en la serie "Aída" de Telecinco. Un actor acostumbrado a realizar papeles dramáticos que triunfa en una serie de humor.
Desde hace más de un año, Mariano Peña es Mauricio, uno de los miembros de la familia de "Aída" que más ha calado en la audiencia por su particular humor, su modo de ver los negocios y las barbaridades que dice. Teatro, «mucho teatro», doblaje y pequeños papeles en series -"Los Serrano", "Hospital Central", "El comisario" y "Manos a la obra", entre otras- y películas -"La noche de los girasoles", "Segundo asalto", "Héctor" y "El séptimo día"- forman parte del currículum de este actor onubense, que triunfa en la televisión y sueña con un protagonista en el cine.
-¿Cuál es la clave del éxito de "Aída"?
-No lo sé. Hay un poco de todo. Este barrio, Esperanza Sur, es muy español, y todos conocemos a una Aída, un Luisma y un Mauricio. Son personajes cercanos, muy de aquí. Y luego está la forma de contar las cosas, un mérito de los guionistas.
-Los actores siempre aportan cosas.
-Sí. Recuerdo los primeros capítulos... Teníamos miedo porque era el primer "spin-off" (una serie derivada de otra) que se hacía y no sabíamos cómo iba a resultar. Todo el peso caía en Carmen Machi, que estaba muy bien apoyada por Paco León. El resto éramos la comparsa. Poco a poco nos han dado una vida, sentimientos, emociones y problemas. Ahora dices algo y al siguiente capítulo lo escriben para ti.
-¿Qué le ha dado Mauricio?
-El reconocimiento popular y que el público me conozca como actor cómico, faceta que ya apuntaba en "Los Serrano" y que aquí he desarrollado. He hecho papeles de señor gris, triste, amargado, de asesino... Mucho drama.
-Menos mal que se ha sacado la espinita con este papel.
-Sí. Como todos, Mauricio no es ni blanco ni negro, tiene muchos matices. Es fascista, homófobo y racista, pero, en el fondo, es un pobre hombre que dice las cosas no por vocación, sino por la educación que le han dado sus padres. Es un perdedor y eso es lo que a la gente le ha enganchado.
-¿Y qué le ha dado usted a Mauricio?
-Los sentimientos que, de vez en cuando, afloran en él. Hace una faena y se ablanda.
-Mauricio se va a meter en política.
-¿"Aída" va a tener su Julián Muñoz particular?
-Por ahí va la cosa. Pero no sé mucho de este señor. Nosotros hacemos un cómic, una caricatura. Veo muy poca televisión, aunque, por deformación profesional, soy muy observador y muy buen imitador.
-Lo que no puede negar es que Mauricio es muy pícaro.
-Claro. Aquí el rico se sigue riendo del pobre, el guapo del feo y el flaco del gordo. Por desgracia, ésa es la realidad. En casa, cuando leo los textos, me preguntó cómo voy a decir esta barbaridad, y luego me paran por la calle y me comentan lo divertido que les resultó. A la gente le gusta que se digan las cosas a lo bestia porque somos un poco bárbaros. Hay personajes con mucha tralla, que tiran p"alante.
-Suele pasar que al final, tienen más presencia los personajes que nacieron como satélites que los protagonistas.
-Me daría miedo llevar el peso de una serie solo, es una responsabilidad que me da vértigo porque, cuanto más expuesto estás, más peligro tienes. Pero, por otra parte y sin que suene pretencioso, por qué no. Ya se sabe que los actores somos un poquito ególatras.
-Imagino que ahora le costará más pasar desapercibido.
-Sí, pero todavía viejo en metro. Se me acercan con respeto, me reconocen, miran, y no pasan de ahí.
-Es una popularidad divertida.
-Es que me ha pillado ya mayor. Llevo haciendo teatro desde los 18 años. No me creo nada porque he visto a muchos ídolos caídos. La vida es así, hoy estás arriba y mañana abajo. Como dice el Rey, me llena de orgullo y satisfacción que me reconozcan por mi trabajo, pero hay compañeros maravillosos que están en una tienda y otros flojitos que dan el pelotazo.

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