
Paco Lobatón, creador de "¿Quién sabe dónde?", asegura que "la realidad es suficientemente dramática como para tener que enfatizarla"
Paco Lobatón fue durante más de seis años el rostro de la búsqueda de desaparecidos con "Quién sabe dónde", todo un hito de la televisión de los años 90, que se cortó "por razones extra profesionales", mantiene. No ha dejado de trabajar desde entonces, pero en Canal Sur. Ahora ha vuelto a Antena 3 para seguir buscando a gente que se ha evaporado, una función que, según defiende, no encuentra respuesta en el Estado de bienestar. Esta vez se ha retirado entre bastidores: no conduce, pero sí está detrás de todo el proceso.
-Estaba muy "perdido", valga la paradoja...
-De cara a la galería, sí. Pero me encontraba perfectamente localizado donde siempre he estado, trabajando en temas relacionados con la televisión. Sin pausa alguna. Se me ha visto intermitentemente en Canal Sur, con dos programas: "7 lunas", que duró dos años, y "La vida en tiempo real". Además, he producido mucho.
-Pero en una cadena nacional no volvió a trabajar desde aquel hito. ¿Cómo lo recuerda?
-En 1998 pedí una parada técnica de "Quién sabe dónde", como los entrenadores. Y razones extraprofesionales hicieron que se convirtiera en definitiva. Para mí esos seis años que duró el programa fueron los más intensos de mi vida profesional, los que más me conectaron con la realidad del país y me permitieron conocer humanamente muchas situaciones, no sólo profesionales.
-Y en esas razones para que el programa no volviera ¿tiene que ver que gobernara el PP?
-Cuando empezó a gobernar el PP aún estuvimos dos años emitiendo. Pero cuando dije que parábamos alguien encontró la excusa maravillosa para decidir que la vuelta se pusiera difícil.
-¿Han cambiado desde entonces los gustos de la audiencia? ¿Tendría hoy un seguimiento masivo el programa en horario estelar?
-Sí han cambiado los hábitos de una forma paulatina. Se ha hecho llegar a la gente productos muy distintos; los ritmos y el lenguaje televisivo se han hecho más rápidos, por momentos compulsivos. Pero nosotros no estamos haciendo el retorno de "Quién sabe dónde" sino que tomamos de aquella experiencia todo lo que se puede: los dramas humanos que son extremadamente sensibles, tratados con una medida equilibrada, que es decisivo para no producir un dolor añadido a personas que viven un trance tan dramático. La propuesta es radicalmente distinta porque no batallamos en horario estelar. Además, han cambiado los hábitos de comunicación de la sociedad y esto nos beneficia enormemente. Antes apenas existían un millón de móviles, y ahora hay 44 millones. También está Internet. Estos son soportes formidables para "Los más buscados".
La competencia
-¿Qué le parece la televisión?
-Estamos en una transición, que ojalá dure poco, muy marcada por la carrera en busca de resultados, como si fuera una competición de vehículos donde no importaran los medios ni las normas. Parece que da igual que corra un Fórmula 1 que un tractor o una moto, y que lo único que importa es llegar el primero.
-¿Habría resultado hoy vigente la fórmula de "Quién sabe dónde" si no se hubiera tomado la decisión de cortar en el 98?
-Estoy convencido de que sí. La prueba es que en Italia el programa que se inspiró en el nuestro, "¿Chi l"ha visto?", no ha parado ni un momento. No deja de ser un espacio de televisión, pero estamos dando respuesta a situaciones que no la tienen en el Estado del bienestar. El drama de las desapariciones se enfrenta a derechos que se cruzan y son contradictorios porque una persona a partir de los 18 años es libre de desaparecer, pero quién le quita a la familia la angustia de no encontrar una respuesta. La solidaridad de la sociedad civil es el único camino.
-¿Hubo mucho morbo con el caso de las niñas de Alcásser?
-En mi programa no hubo morbo sino una intensidad dramática, porque semana a semana había una secuencia permanente de pistas que luego resultaron ser fruto del espejismo solidario. A nosotros nos elogiaron mucho, pero no quiero entrar en agravios comparativos. En situaciones tan límite es cuando más importante resulta el sentido de la medida. Y ahora, en "Los más buscados", lo que más repito es que no hay que adjetivar sino dejar que se exprese lo sustantivo, la realidad, porque ya es suficientemente dramática como para enfatizarla.
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